El escritor Miguel Delibes, fallecido
ayer a los 89 años, habita ya en el selecto lugar de los escogidos
después del funeral oficiado este mediodía en la catedral de
Valladolid, su posterior incineración y el depósito de las cenizas
en el Panteón de Ilustres de la ciudad.
El novelista y académico se ha llevado hoy al territorio de los
inmortales el enésimo galardón de su dilatada y laureada carrera
literaria: el del unánime reconocimiento social, institucional y
popular recogido a lo largo del último día y medio, y lacrado esta
mañana con un emotivo y masivo funeral.
La herreriana catedral de Santa María, de trazo austero pero de
sólida factura como la prosa de Delibes, ha albergado el último
tributo a quien "nos enseñó a mirar", como reza la dedicatoria de
una de las centenares de coronas de flores a él dedicadas y firmada
por "Pacífico Pérez", protagonista de "La guerra de nuestros
antepasados".
"No sólo Valladolid tiene en él a su novelista más emblemático,
sino España entera y también la amplia comunidad de
hispanohablantes", ha reflexionado durante su homilía el
administrador diocesano de Valladolid, Félix López Zarzuelo, delante
de los siete hijos del escritor.
La vicepresidente primera del Gobierno, María Teresa Fernández de
la Vega, y la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, también
han escuchado por boca del sacerdote la "reiterada condena al
aborto" y la defensa "de cualquier brizna de vida humana" que
siempre caracterizó a Delibes, y a una obra donde nunca ocultó la
"dimensión trascendente del hombre y su relación con Dios".
El celebrante se ha hecho eco de la "deuda impagable" contraída
con un periodista y narrador "a quien no sólo debemos un sólido
manejo del idioma, sino también el haber puesto su talento "al
servicio de la verdad desde su encarnación en el humanismo
cristiano".
Se preocupó del hombre desde la infancia ("El príncipe
destronado") y la adolescencia ("El camino"); se ocupó de la
promoción de la mujer ("Cinco horas con Mario"); abordó los valores
de la familia ("Mi idolatrado hijo Sisí"); no olvidó a los más
desfavorecidos ("Los santos inocentes"); ensalzó la sabiduría del
mundo rural ("El disputado voto del señor Cayo") y apeló a la
concordia con quienes piensan distinto ("El hereje"), ha dicho.
Al finalizar la Eucaristía, desde el mismo altar, el primogénito
de Miguel Delibes, el biólogo del mismo nombre, ha agradecido las
numerosas pruebas de afecto que ha recibido la familia y la figura
de su padre, "que en los últimos tiempos tenía más ilusión en la
otra vida que en ésta", según ha reconocido.
Centenares de personas aguardaban en el atrio y en calles
adyacentes al ataúd con los restos mortales del escritor para darle
un último saludo.
Entre ayer y hoy unas 20.000 personas mostraron sus respetos a
Delibes en la capilla ardiente instalada en la Casa Consistorial y
desde donde, este mediodía, ha partido el cortejo fúnebre en medio
de un impresionante fervor popular.
Más de una docena de libros de adhesiones, expuestos en el
velatorio, han reunido gavillas de comentarios, elogios y
agradecimientos con la sencillez de la inspiración, el calor de lo
espontáneo y el candor de lo popular.
"Aunque te vayas, sigue escribiendo", le ha pedido una niña a
través de un deseo que encierra una precisa definición de la
inmortalidad que ya habita Miguel Delibes
Actores como María Fernanda D'Ocon (Desi en la versión teatral de
"La hoja Roja") y Juan Antonio Quintana; escritores como Gustavo
Martín Garzo y el académico José Antonio Pascual, además de amigos
íntimos como el etnógrafo Joaquín Díaz, han despedido al novelista
junto a un nutrido elenco de representantes institucionales.
"El horizonte, la paloma, la perdiz roja, los campos dorados de
Castilla... tu universo... SIGUE MIGUEL", reza a modo de epitafio
otra de las dedicatorias contenidas en el anónimo libro de
adhesiones ya cerrado. EFE
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