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    Miles de personas se congregaron en el Valle de los Caídos a pesar de las malas condiciones climáticas. / Chema Barroso

    Una multitud desafía a Zapatero en el Valle de los Caídos

    15 NOV 2010

    Con su silencio en la oración litúrgica y su presencia, expresan su apoyo a los monjes maltratados. Afirman unánimemente que el Gobierno conculca la libertad religiosa.

  • Santiago Mata.

    “Hubiéramos querido que la acogida tuviera lugar en la basílica, pero estamos en otra clase de templo. Las bóvedas del cielo, de las nubes que nos rodean, son también un templo apto para elevar al Señor nuestra oración”. Con estas palabras recibió ayer el abad del Valle de los Caídos, el padre Anselmo Álvarez, a miles de fieles procedentes de toda España. Prevista para las 11.00, la misa comenzó con una hora de retraso, pues había más de 2.000 vehículos y 10 km. de retención, en buena medida por los controles de la Guardia Civil, que registraba los maleteros para comprobar que no se accediera con banderas o “símbolos políticos”.

    A estos controles se refería Rodrigo Peñarosa, un donostiarra residente en Segovia, quien dijo a LA GACETA que acudía a la misa con su mujer “para que España sea católica. Nos han parado a la entrada. Me ha sorprendido mucho tanto policía. Nos han dicho que si llevábamos banderas”.

    Milagro

    El abad comenzó recordando lo que esperaba de los asistentes: “Nos basta con la oración de la liturgia, y de cada uno de vuestros corazones, esta oración es la que está llamada a realizar el pequeño o gran milagro de que podamos reunirnos en la casa de Dios”. Mientras no sea posible, por “el motivo presunto de las condiciones de inseguridad de algunas instalaciones”, renovó el compromiso de acudir los domingos a las 11 horas “para celebrar la santa eucaristía que venimos celebrando durante 52 años, en compañía de los caídos y de los santos y mártires que reposan en la basílica”.

    El apoyo a los monjes era una constante entre los motivos de los asistentes. Fernando García Rupérez, de Galapagar, aseguraba: “nos ha molestado mucho que el Gobierno esté cerrando un centro de culto. Queremos apoyar a los monjes y a nuestra memoria histórica de verdad, para honrar a los muertos y seguir haciendo culto en un país que se supone que es libre”.

    Dictadura

    Otro de los asistentes, madrileño, llegaba a afirmar: “En España una cosa es la teoría y la Constitución y otra la práctica, que se ve pisoteada a todos los niveles. Vivimos en una dictadura. Pero hemos venido por razones religiosas, porque nuestra libertad religiosa está siendo pisoteada. Venimos a defenderla al nivel que haga falta. Que no se olvide que por la libertad religiosa la gente muere”.
    Gabriel, llegado desde La Coruña, opinaba de modo semejante: “Vengo habitualmente para solidarizarme con los benedictinos y manifestar que estamos en una dictadura. Merece la pena que el pueblo se levante y que diga ‘basta”.

    Javier y su familia, de El Pinar de Chamartín, expresaban igualmente su apoyo a los padres benedictinos: “Están siendo apaleados por esta oleada antitodo lo que suene a valores”. Abundaban en estas ideas los madrileños, como Carlos Elorza: “Nos parece indignante que no se pueda entrar en una basílica a oír misa” o José Corbacho: “Éste es un lugar de culto y por tanto tiene que tener libre acceso”, así como todos los asistentes con los que habló LA GACETA.

    No es una protesta

    Manuel, un joven llegado de Andújar (Jaén) junto con dos amigos, precisaba: “No voy a ir a misa contra alguien, entre otras cosas porque no es cristiano; vengo a misa a apoyar algo, porque me gusta, por ver algo bonito y no voy a estar pensando en lo contrario a mí. Quien piense en lo contrario para hacerme daño, tiene él el problema, no yo. No vengo a protestar contra nadie”.

    De modo semejante, Ramón, llegado de Toledo, explicaba que había ido “a la santa misa, para el culto y porque es un sitio de culto adecuado. Como católicos y como españoles nos parece este lugar un sitio en el que se puede practicar la religión que profesamos. A la vez es arquitectónicamente bonito y no entendemos ciertas inquinas hacia este lugar”.

    Reconciliación

    Al significado del monumento hicieron referencia algunos de los presentes, como Santiago Cerolo, de Madrid: “No se puede pasar de largo la asfixia a la que están sometiendo a los monjes benedictinos en un sitio que si simboliza algo es la reconciliación entre los españoles”. Para Caíto Rubio, también madrileño, “es muy difícil entender por qué han cerrado el Valle de los Caídos, cuando representa a todos los españoles”.

    Con lágrimas en los ojos, se lamentaba Clemente Galba, que fue alcalde de Rábano de Aliste (Zamora): “Me da una tristeza y una pena enorme. Parece mentira que hayamos llegado a esto después de 70 años, que lo cierren por cinismo, por ese odio que le tienen ciertas personas. ¿Qué dirán los extranjeros¿ ¿España siempre tiene que andar en conflictos? ¿Se quiere volver al año 36? ¡Qué pena, qué tristeza!”.

    De cerca y lejos

    Algunos, como Florentino, habían venido de El Escorial, “para oír misa y en parte para demostrar que estamos ahí, que apoyamos al monasterio. Ante todo somos católicos, cristianos y también españoles”.

    Fernando Pérez iba más lejos al denunciar: “Venimos a defender los intereses de San Lorenzo de El Escorial. Sin el Valle tampoco vive San Lorenzo de El Escorial. No somos de ningún color. Queremos trabajar cada día para comer. Los que trabajan conmigo, que son 30 personas, cada día trabajamos menos, si dejamos que el Valle que se caiga, tendríamos que dejar el Monasterio de El Escorial, todos los monumentos que hay, las Pirámides de Egipto, todo se hizo de malas maneras. Eso está hecho, no podemos ir para atrás”.

    En el otro extremo por la distancia, Conchi, colaboradora de la Asociación Hispana para el Canto Gregoriano, que tiene su sede en la abadía, llegó a la misa desde el Caribe: “Porque esto es un templo y considero que tiene que estar abierto a todos lo que quieren asistir a misa. Se celebra misa desde 1959 y no se entiende por qué tienen que tenerlo cerrado. Yo vengo hoy de la isla de Santo Domingo. Hemos aterrizado a las 10 de la mañana”.

    Al preguntarle si viene sólo para este acto, la aficionada al gregoriano responde: “¿Le parece poco venir a misa? Vengo a apoyar a la comunidad benedictina. Posiblemente este sea el único sitio de la Comunidad de Madrid donde se canten las misas a diario en canto gregoriano”.
    Entre los extranjeros, valga el comentario de una monja italiana residente en El Escorial: “Tenemos que testimoniar. Queremos que siga como estaba antes”.

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