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    Soledad Puértolas

    "No valoramos la lengua por ignorancia"

    15 FEB 2010 | Eva Costo

    Soledad Puértolas, escritora y académica de la RAE, responde a ÉPOCA.

  • La proporción de mujeres en la RAE es muy baja. ¿No tenemos nosotras suficientes méritos para estar ahí?

    -Por supuesto que sí, pero no hay que olvidar que la institución arranca en el siglo xviii con un carácter masculino. Los cambios de mentalidad en la consideración de hombre y mujer van más lentos de lo que deseamos, pero no solamente en la Academia, sino en muchos otros ámbitos de prestigio y poder.

    - ¿De qué hablará en su discurso inaugural?

    -De los personajes secundarios en El Quijote. Su maravillosa galería de personajes femeninos es algo excepcional en la literatura española: lo bien tratados que están, lo originales que son o el aire de libertad que tienen. El caso de la pastora Marcela es toda una declaración de libertades y derechos que resulta incontestable. Hay muchos otros personajes, y no todos son mujeres. Creo que voy a estar muy arropada por todos ellos.

    - ¿Qué aportará usted?

    -Mi relación con la lengua. No me considero una estudiosa de la lengua pero sí una persona que experimenta con ella. No voy con un bagaje de conocimientos, sino con la inocencia del creador.

    - Tengo la impresión de que la RAE va detrás de la sociedad: se empiezan a usar términos que no existen y al final la Academia acaba ‘legalizándolos’.

    -Fíjese que mucha gente me ha dicho lo contrario, que es la RAE la que se adelanta. Supongo que habrá de todo. Creo que no se trata de incorporar términos, sino de redefinirlos. La lengua es un organismo vivo que hay que ir afinando para que sea más respetuosa, precisa y responda mejor a la mentalidad actual.

    - ¿Por qué se habla tan mal?

    -Porque no valoramos la lengua. Todo se impone con tanta velocidad que usamos unos términos inapropiados cuando existen otros más adecuados. Esto es fruto de la ignorancia, y ése es nuestro fallo: que en la escuela no se haya conseguido involucrar a los alumnos en el buen uso de la lengua.

    -¿Cuál es el trabajo diario de un académico?

    -Se realizan comisiones de trabajo para estudiar continuamente el diccionario y las gramáticas, se preparan publicaciones, congresos,... es decir, se trata de tener un criterio de unidad.

    -¿Qué va a cambiar en su vida?

    -Tendré la novedad de que iré los jueves a las reuniones de los académicos. Eso me parece un matiz muy positivo, porque, como todos los creadores, me he ido volviendo cada vez más solitaria. Ahora estaré en contacto con gente interesada en la lengua, que es mi materia de creación.

     -¿Tiene algún lugar donde se inspire para escribir?

    -En eso soy bastante flexible por mis circunstancias como madre…

    - Ser madre hace flexibilizarlo todo…

    -[Risas] Exactamente. He tenido que compatibilizar lo que la vida me obligaba a hacer con mi ambición personal de escribir. Estoy muy acostumbrada a ir de aquí para allá con mi ordenador y mi cuaderno. Ahora estoy mejor instalada.

    -En marzo publicará su nuevo libro, ‘Compañeras de viaje’.

    -Sí. Son 15 relatos protagonizados por mujeres. La mujer que acompaña a una amiga o a un marido en su viaje de negocios tiene aquí su propio relato.

    -Recurre mucho en sus novelas a las mujeres viajeras, ¿por qué?

    -Romper las coordenadas espacio-tiempo deja a las personas en una situación interesante muy distinta a la habitual. Vive en una novedad permanente. Tiene la posibilidad de comportarse de otra forma. Y es una gran satisfacción cuando sale bien, cuando te conviertes en esa persona que te gusta.

    -Usted ha viajado mucho como compañera, al lado de su marido. ¿Se ha basado en sus vivencias personales?

    -Sí, tiene mucho que ver con mi vida, pero también con los viajes que he hecho por trabajo. Esta faceta, no sólo como compañera, sino también como viajera por mi cuenta cuando prefería quedarme en mi casa, me ha hecho reflexionar. Eso está en el origen de todos estos relatos.

    -¿Qué lugar de los que ha visitado le parece perfecto para vivir?

    -Yo soy muy hogareña. Trasladaría mi casa allá donde fuera. Creo que nunca montaré mi tienda en un lugar frío y nevado, por bonito que sea. Soy más de cierta dulzura de la naturaleza y, si puede ser con mar, mejor.

    -El recuerdo y la nostalgia parecen ser, también, elementos comunes en todas sus obras. ¿Es usted muy nostálgica?

    -No es lo mismo recuerdo que nostalgia. Los recuerdos son importantes; la nostalgia, sin embargo, es mala compañera de vida, porque produce una de las grandes enfermedades del alma: la melancolía. Yo no soy nostálgica, pero sí hablo mucho del pasado, de la infancia, porque está ahí y quiero saber qué peso tiene en mi vida.

    -¿Podría decirme algún recuerdo de su infancia que guarde con especial cariño?

    -Precisamente el otro día estaba recordando a mi abuela materna en mi casa de Pamplona. Me veo sentada junto a la mesa camilla que tanto le gustaba a ella, donde pasaba horas tricotando. Quizá porque ahora soy abuela, he tenido este pensamiento. Me gustaría ser recordada con este cariño.

    -¿Cómo es usted como abuela?

    -Yo creo que seré una abuela estupenda (sonríe). Tengo un nieto de un año y me encanta.

    -¿Qué libro está leyendo?

    -Ahora tengo en la mesilla Cuentos completos, de Eudora Welty, pero leo todo lo que puedo.

    -Con todo, ¿le queda tiempo libre?

    -No todo es escribir y leer. No concibo una vida escribiendo las 24 horas del día. ¡Me gusta vivir! [Risas]. Nadar me entusiasma y cocinar me gusta muchísimo. ¡Y comerlo luego!

    -¿Se anima a escribir un libro de recetas?

    -No, porque soy muy poco normativa, reinvento recetas y luego no recuerdo exactamente cómo las he hecho. Cocino a ojo.

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