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    Nacho Duato, víctima del zapaterismo cultural

    La purga cultural de ZP y Sinde: crece el número de intelectuales represaliados

    12 SEP 2010 | Ignacio Peyro

    De Duato a Corella: las víctimas de la política cultural de Zapatero. El zapaterismo ha postulado la superioridad cultural de la izquierda, pero se le han ido los nombres más prestigiosos.

  • El proyecto cultural de Rodríguez Zapatero hace agua. El último en expresar su disconformidad con la política cultural del Gobierno ha sido el bailarín Ángel Corella, de fama internacional, que ha criticado amargamente cómo el Ministerio de Cultura, bajo el mando de Ángeles González-Sinde, está “dando la espalda a todos los bailarines” de la Compañía Nacional de Danza. Corella sólo es un suma y sigue en la desafección que ha terminado por embargar a los profesionales de la gestión cultural que han trabajado bajo el zapaterismo. 

    La lista de represaliados y caídos de Zapatero está cuajada de nombres estelares, del poeta y antiguo ministro del ramo, César Antonio Molina, a directores de museos como Juan Manuel Bonet y Ana Martínez de Aguilar, pasando por profesionales de alto nivel del propio ministerio como Guillermo Corral, director general de Política e Industrias Culturales y hombre clave en Cultura hasta que fue cesado aprovechando la discreción del mes de agosto. La nómina se amplía con las figuras de Jon Juaristi, antaño en la dirección del Instituto Cervantes; Nacho Duato, director artístico de la Compañía Nacional de Danza con Gobiernos de distinto signo durante 20 años; o Milagros del Corral, quien tanto se hizo respetar con una gestión en la Biblioteca Nacional en la que primó la profesionalidad por encima del sectarismo.

    En el análisis de los caídos culturales del zapaterismo cabe sopesar diversos puntos. En primer lugar, el contraste entre la autoproclamada superioridad cultural de la izquierda y el abandono –en ocasiones, con críticas virulentas– de tantos artistas e intelectuales desengañados de Zapatero. En segundo lugar, también ha de tenerse en cuenta que Zapatero es un hombre conocido por sus purgas políticas e ideológicas desde sus tiempos en el PSOE leonés. Por último, tal y como revelan distintos biógrafos de Zapatero, el presidente se siente a gusto entre figuras de la cultura pop, pero experimenta una incomodidad profunda en compañía de intelectuales de prestigio, por tener demasiado presente ante sus propios ojos su limitada formación. Es la conjunción de estas causas, con el añadido de una orientación ultraideologizada en la comprensión de la propia cultura, lo que explica que el zapaterismo haya arrojado de sí a personalidades deprestigio, ya fueran cortejadas en su día por el Gobierno (Molina, Martínez de Aguilar), ya fueran heredadas de la anterior administración (Bonet, Juaristi). ¿El común denominador de todos ellos? La voluntad de realizar una gestión cultural que, dentro de las preferencias ideológicas de cada uno, mantuviera la independencia y un espíritu de concordia entre los entendidos de cada materia. Con Zapatero no ha podido ser.

    Palabras fuertes

    “Tengo clarísimo que no vuelvo a España nunca más. Desde luego, con el Ministerio de Cultura, nunca más”, declaró Nacho Duato a principios de julio, antes de “exiliarse” a San Petersburgo a dirigir el Teatro Mijailovski por los encontronazos con Sinde. El ministerio había intentado doblegar la voluntad del director de la Compañía Nacional de Danza para que variara la programación. Como de costumbre en Cultura, el conflicto se prolongó durante meses, y terminó con la salida de Duato un año antes de lo previsto.

    El bailarín se despidió con declaraciones contundentes, pero no llegó al extremo de escribir cartas exculpatorias como las que se vieron obligados a redactar Milagros del Corral o Juan Manuel Bonet. La directora de la Biblioteca Nacional vio cómo el Ministerio disminuía de rango jerárquico a la cuarta biblioteca nacional más importante del mundo, de dirección a subdirección general, castigando así una gestión exitosa, en la que del Corral había recuperado buena parte de los tesoros robados durante los años de gestión de Rosa Regás.

    En el caso de Bonet, el ex director del Reina Sofía, Centro de Arte con la consideración de Museo Nacional, fue sometido al ambiente “hostil y sectario” de la entonces ministra Carmen Calvo, admiradora confesa de la música heavy que no dudó en perseguir a Bonet, uno de los grandes expertos en arte y literatura de su generación, hasta lograr su marcha. Algo similar le ocurriría en el mismo puesto a Ana Martínez de Aguilar, pese a ser la primera historiadora del Arte en regir el Reina Sofía. Jon Juaristi, por su parte, ha relatado cómo le obligaron a que figurara por razón de su cese en el BOE la de “cambio de destino”, pese a que en la administración no había vacante para él. Quizá no es extraño cuando a todo un ministro de Cultura como César Antonio Molina, el propio Zapatero le dijo que lo cesaba aludiendo a motivos como “la paridad y el glamour”.  

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