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Pediatras y nutricionistas creen que es preferible educar a los menores
En las barras de las cafeterías de los colegios no habrá ni rastro de chuches, bollos, polos ni chocolatinas a partir de los próximos meses. Las máquinas dispensadoras de refrescos y aperitivos salados también desaparecerán de los pasillos de los centros de educación primaria. El Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas acordaron ayer cercar la presencia de alimentos hipercalóricos en todos los centros no universitarios con el fin de plantar cara a la obesidad infantil, una enfermedad que afecta a uno de cada cuatro niños españoles.
“No se trata tanto de prohibirlos como de no ponerlos a disposición de los escolares. Existe evidencia científica de que si se limita el acceso, se reduce el consumo”, señala la ministra de Sanidad, Trinidad Jímenez.
Finalmente, este departamento ha optado por lanzar tan solo recomendaciones a las regiones para que eviten que los centros escolares oferten en sus máquinas expendedoras, cantinas o cafeterías alimentos con un elevado índice de azúcar, grasa o sal.
Sin embargo, el presidente de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, Roberto Sabrino, lo dejó claro: “Todos aquellos productos que no aporten valor nutricional no estarán en venta en los colegios”. En este grupo se incluyen, sobre todo, bollería envasada, chocolatinas, aperitivos salados y determinados refrescos con índices calóricos elevados.
Sin sanciones
Sanidad no prevé sanciones a aquellos centros escolares que no tengan en cuenta estas recomendaciones. Aunque Jiménez afirmó que confía en que todas las comunidades autónomas asuman estas recomendaciones. “No se me ha pasado por la cabeza sanciones. Confío en su responsabilidad”, aseveró.
A pesar de las numerosas críticas que ha recibido Sanidad por parte de la industria alimentaria, Jiménez aseguró que no se trata de una cruzada en contra de los productos envasados. “Habrá bollos y refrescos que se queden fuera y otros que estén permitidos”, agregó Sabrino.
Los médicos dudan de la efectividad de esta medida. “Las prohibiciones pueden llegar a tener un efecto contrario”, sostiene el nutricionista de la Asociación Española de Pediatría, José Manuel Moreno. “Si se les quita de los colegios, lo comprarán en la tienda de al lado”, agrega una de las expertas del CSIC, Sonia Gómez. Por eso, ambos consideran que sin educación no se erradicará el problema de la obesidad. “Nosotros reivindicamos una asignatura en las aulas exclusiva sobre nutrición”, afirma Gómez.
Los padres tampoco están conformes del todo con la norma. Sin embargo, es la industria de la alimentación, sin duda, la más perjudicada por la limitación de los productos envasados en los colegios. En tiempos de crisis y sin consultarles previamente, tal y como denuncia la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas, una medida así “no sólo afecta a nuestra imagen, sino que no resuelve el problema de la obesidad”.
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