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    Eutimio Martín, biógrafo de Miguel Hernández
    Eutimio Martín, biógrafo de Miguel Hernández

    "Se casó con Josefina sólo por tener un hijo"

    09 MAR 2010 | Belén Lorenzana / Foto: Carmen Benavides

    La nueva biografía de Miguel Hernández, en el centenario de su nacimiento, no está exenta de polémica. Su verdadera historia desmitifica sus orígenes de humilde cabrero, la ingenuidad de su carácter, la relación con su mujer y otras cuestiones que, según el autor, enturbian la verdadera dimensión y grandeza del personaje y su obra.

  • Tras 20 años de investigación, el profesor Eutimio Martín, catedrático emérito de la Universidad de Aix, en Provenza, Francia, desgrana la vida del genial poeta de Orihuela “libre de mitos inventados que lo deshumanizan cuando no lo catapultan al limbo de la candidez”, asegura.

    -Según usted, Miguel Hernández ha estado envuelto en una cierta leyenda. ¿Por qué?

    -Creo que hay un santoral de izquierdas y otro de derechas. En este caso, el hecho de que perteneciera al Partido Comunista ha hecho de él un icono militante.

    -¿Hacía falta una labor de descombro?

    -Desde luego. Ponerle en el santoral es una falta de respeto porque a veces lo presentan como si fuera un memo. Y la característica fundamental de Miguel Hernández es que es de una inteligencia superior. Está completamente convencido de que merece vivir de la poesía, porque es un superdotado para ello. Y a veces no es que pida, es que exige.

    -Pero además de la dimensión política, está la humana...

    -La desgracia puede hacer que se apiade uno del personaje, sobre todo de una mujer como Josefina, esposa del poeta.

    -En su biografía no sale muy bien parada...

    -No ha sido fácil para mí poner por escrito el carácter pusilánime de Josefina, una decepción absoluta para Miguel como novia, como mujer e, incluso, como madre. Es muy difícil no hablar con compasión de esta mujer, con un padre asesinado por los anarquistas y un marido que lo pasó como lo pasó, pero eso no corresponde a la realidad.

    -¿Y cuál es la realidad?

    -Cuando se habla de ellos como Romeo y Julieta es un absurdo. Basta con leer la correspondencia. Josefina no hace más que darle el tostón, incluso con los jaleos que tiene con los hermanos, siempre desesperada, y Miguel le escribe “ten paciencia, porque el que está en la cárcel soy yo”. Más adelante, le dice: “Cuándo vas a dejar de ser idiota. Tienes madera de mártir y es muy posible que algún día vengas en el santoral del almanaque: Santa Josefina, casada, tonta y mártir. Aunque me imagino que irás al limbo por tu idiotez incurable”.

    -Fuerte, ¿no?

    -Miguel Hernández no tenía el más mínimo sentido de la diplomacia. Eso le costó la animadversión de mucha gente. La escasa habilidad a la hora de solicitar, y casi exigir, ayuda económica fue una constante difícilmente soportable para sus allegados.

    -¿Lorca lo rechazó por eso?

    -Se ha dicho muchas veces que Federico era muy señorito y por eso lo rechazaba, pero no es tan sencillo. Cuando Miguel le escribe para casi exigirle que se ocupe de su libro Perito en lunas, le dice: “Mi poesía tiene más cojones” (imagínese, ¡hablar así en el ambiente burgués!) que la de la mayoría de los que le rodean. Evidentemente, piensa en Alberti y en los del 27 que acaban de celebrar a Góngora.

    -¿No estaba el granadino algo celoso de su incipiente éxito?

    -Yo me he imaginado muchas veces la escena en casa de Carlos Morla Lynch, el diplomático chileno que tiene una tertulia a la que van todos los intelectuales y aristócratas de Madrid. Allí Lorca triunfa tocando el piano. De repente entra en la reunión un paletillo vestido con pantalones de pana, todos se giran para mirarlo. Y Lorca, furioso porque deja de atraer la mirada de todo el mundo, le coge una tirria que no lo puede ver…

    -Dice en su libro que Miguel Hernández explotó esa imagen de pastor…

    -La usó como una especie de imagen de marca. Aleixandre recordaba que le dedicó su libro firmando “Miguel Hernández, el poeta pastor”. Es evidente que eso le ayuda muchísimo en un principio a atraer la atención, porque es necesario. Él no es Federico, hijo de un terrateniente industrial de Granada que le paga las impresiones de sus libros.

    -Pero parece que fue menos pobre de lo que dio a entender…

    -Vicente, un sobrino de Miguel, me contó que el padre del poeta mandaba barcos cargados de cabras a un hermano que las distribuía en Barcelona. Su posición le permitía prestar dinero a los agricultores cuando perdían las cosechas. Tenía cierto poder hasta el punto de que se había convertido en una especie de recolector de votos en las elecciones. Un pequeño cacique que tomaba café en el casino. Sin embargo, sufría una notable pobreza espiritual.

    -¿De qué manera afectó al poeta?

    -Su padre, analfabeto, lo saca del colegio sin dejarle terminar primero de bachillerato a pesar de que los jesuitas le ofrecen la gratuidad de los estudios por su extraordinaria valía. Tuvo que ser bastante humillante para él abrirse camino con las cabras entre los compañeros a la puerta de la escuela.

    -La Iglesia apoya sus inicios…

    -La única vía que existía para entrar en un entorno medio intelectual en Orihuela era por el camino religioso. La Iglesia contaba con los medios económicos para publicar. Además, le ofrecía un sistema cultural que no podía perderse. Cuando escribe su auto sacramental, refleja una asimilación de la intelectualidad de Calderón, unido a la proyección social de Lope, que deja atónito a un ateo como Neruda. Bergamín, que sí era católico, le abre las páginas de su revista y se lo publica.

    -Sorprende, sin embargo, su tono contrarrevolucionario…

    -Desde luego. Estos primeros escritos nada tienen que ver con la ideología de su obra posterior. Pero, si quería medrar, no tenía más remedio que ponerse al servicio de la ideología reaccionaria.

    -¿Su amigo Ramón Sijé tuvo algo que ver?

    -Sijé tiene la idea absurda de implantar la teocracia política como nueva ideología. Es un fascista militante de signo teocrático, a la manera de Giménez Caballero. Y su pretensión es tener como portavoz literario a Miguel Hernández, hacer de él un nuevo Gabriel y Galán. Y algo debió contagiarle a su amigo. Miguel, en una carta, dice: “Yo, sin ser nada, soy fascista comunista”… Vamos, que tenía un lío en la cabeza…

    -¿Por qué rompieron su amistad?

    -Cuando Miguel ya ha ocupado el terreno local (Orihuela, Alicante, Murcia), tiene que ir a Madrid. Inmediatamente se distancia de Sijé y va a camelarse a Bergamín. Éste acaba huyendo, como Lorca, y se va a encontrar con Neruda que tiene una cohorte celestial a su alrededor.

    -En Madrid también conoce a algunas mujeres...

    -Lo intenta con María Zambrano, María Cegarra, pero lo que es seguro es que la pintora Maruja Mallo, que tenía un muslo hospitalario, es difícil que le dejara a la intemperie. Muy entusiasmado, yo supongo que le propone matrimonio y, sobre todo, tener un hijo, que es lo que le obsesiona. Por eso acaba casándose con Josefina. Su obsesión es el hijo.

    -¿Con cuál de los poetas mantuvo mejor relación?

    -Vicente Aleixandre le trata con una dignidad y un aprecio que se prolonga incluso después de la Guerra Civil. Le envía mensualmente un cheque de 125 pesetas a Josefina… Entre Alberti y Miguel había una antipatía reciproca fabulosa. Neruda le prestó ayuda pero siempre con una especie de proteccionismo que encubría un sentimiento de superioridad social. Incluso se apropia de la gestión de librarle de la muerte. Y esto, sin duda, fue obra de Cossío, un tipo fantástico.

    -¿Por qué renuncia al indulto?

    -Cossío va a verle a la cárcel y le insta a que envíe algún texto a cualquier periódico del régimen. Es la condición para su libertad. Él se niega. Sabe que se juega la legitimidad de su obra. Así se pone de relieve la horadez y la dignidad con que consideró su oficio de poeta. Por eso no necesita heroicidades extra, ya tiene bastante dimensión heroica con s final: jugarse la vida a la legitimidad de su obra.

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