El próximo 18 de febrero se da el pistoletazo de salida a Cibeles Madrid Fashion Week, cita en la que confluye lo más granado de la moda española. Son las propuestas para el otoño/invierno 2010-2011, en las que los creadores llevan trabajando desde hace meses. “No hay un momento concreto en el que se comience una nueva colección. La maquinaria no para. Siempre se parte de donde ha terminado la anterior y se continúa. La investigación es constante”, explica Jesús del Pozo, veterano que ya ha cumplido 35 años en el gremio.
Sin embargo, la presión de la fecha del desfile siempre existe dos veces al año y se acentúa según el diseñador porque, más allá del prêt-à-porter, junto a las tradicionales colecciones de primavera/verano y otoño/invierno cada seis meses, muchos trabajan de forma paralela en propuestas para novia o colecciones puente, que se enmarcan entre una temporada y otra (pre-fall o crucero, en definitiva ediciones limitadas de determinadas prendas o complementos), o bien joyería, colecciones de niños, costura de vestidos únicos para clientas...
Una colección de moda comienza con el proceso creativo, que es diferente según el diseñador. Mientras que algunos dibujan y hacen bocetos, otros optan por modelar directamente sobre un maniquí, en el que se prueban desde plisados a fruncidos o drapeados. De las ideas originales con las que se trabaja en ese primer momento, muchas se quedan en el camino antes de llegar a la pasarela, se desechan por completo o se guardan en un cajón, por si pueden servir para más adelante, nunca se sabe cuándo. “Uno de los momentos más estresantes para mí es cuando debemos seleccionar la cantidad de líneas con las que nos apetece continuar”, confiesa Juanjo Oliva, que en estos días da los últimos toques para la decimotercera colección que presentará en Cibeles y que ha titulado En garde (En guardia), porque asegura encontrarse “a la defensiva” en su estado de ánimo actual. Por ello se inspira en el esgrima y los modelos “parten de la uniformidad, lo militar y lo disciplinado, con tejidos sobrios y oscuros, para luego irse dulcificando y tender a la desnudez”.
Los tejidos juegan un papel principal. “En general, una idea te pide un tipo de tejido determinado. Para hacer un drapeado no se puede utilizar una tela ni muy gruesa ni muy rígida, tiene que ser fluida. Pero muchas veces es el tejido el que te sugiere y es muy bonito el momento en el que te pones a trabajar delante de un espejo con un maniquí, porque te dice muchas cosas. Hay un diálogo con el tejido muy interesante porque hay veces que le tienes que dar la razón y dejar que vaya por donde quiere, que todo sea absolutamente natural; y otras veces es todo lo contrario, hay que llevarlo por donde tú quieres y forzarlo para conseguir lo que buscas”, explica Jesús del Pozo. El madrileño reconoce que, en su caso, ése es el momento que prefiere de su labor. “Es el más bonito y lo único en la vida que logra absolutamente quitarme de la cabeza todo lo que pueda tener en ella, aunque sea el mayor problema del mundo. Es fantástico”, indica.
Los tejidos pueden llegar de cualquier lugar del mundo -las ferias especializadas como la parisina Première Vision son fundamentales para ello- o de casas de muestrarios españolas.
En el caso de Hannibal Laguna, las técnicas que utiliza para trabajar con los tejidos -“algo que me apasiona”, confiesa- son las de grandes leyendas de la moda: Madame Vionnet para el corte al bies, Cristóbal Balenciaga para cuando el nervio del tejido marca la pauta; y Christian Dior para cuando es su propia mano quien dirige al tejido. “Ese momento de creación inicial, que es de 20 días o un mes, es uno de los más complicados para mí y de hecho intento aislarme porque no quiero que me influya nada, ni los telediarios, ni los problemas familiares ni de ningún tipo”, cuenta Laguna.
Pero junto a esa parte técnica de una colección, la que se refiere a colores, texturas o formas, está la parte emocional. Las ideas vienen de cualquier sitio y en eso coinciden todos los diseñadores: una película, un viaje, una conversación con amigos, una serie de televisión, música, una tarde de compras y, sobre todo, la calle, pueden servir de inspiración. “Es como ir tomando un poco el pulso a la sociedad”, opina Del Pozo.
Su máquina de ideas funciona de manera constante y sin agotarse. “Parece mentira, pero es muy fácil porque es el ritmo en el que estás metido todo el día y es lo que haces todo el tiempo sin parar. Sigues y de repente te das cuenta de que salen ideas que hiciste hace 20 años y ahora se ven de otra manera. De algún modo, el criterio estético es distinto, aunque el gusto vaya cambiando. Tenemos la cabeza ejercitada para eso como el corredor de fondo tiene su cuerpo entrenado. Nosotros nos metemos en un bombardeo de ideas constante”.
Como ejemplo de inspiración en la vida real, la próxima colección que presentará Laguna el día 20 en Cibeles es un homenaje a la Gran Vía madrileña en este año en el que celebra su centenario (“sensual, femenina y muy romántica”) y cierra una trilogía dedicada a Madrid, surgida después de que el diseñador fuera elegido embajador de la candidatura olímpica.
Evidentemente, los creadores no están solos en todo este proceso. Detrás hay un equipo fijo de más o menos personas según la casa, con las que se intenta que la comunicación sea fluida y clara, “para que puedan comprender bien las ideas”, dice Oliva. A ellos se suma otro equipo volante que incluye desde bordadores a patronistas, cortadores o maquilladores. La mayoría de los diseñadores reconoce estar muy encima de todo lo que ocurre en ese entorno. Tras diseño y patronaje se hace un prototipo y la posterior ficha técnica. Todo se digitaliza y se envía a la fábrica que lo vaya a confeccionar.
Para Juanjo Oliva, su momento preferido llega precisamente al final del proceso, en el momento de la presentación, “cuando ves el vestido terminado, accesorizado, sobre la modelo que has elegido, maquillada y peinada como has decidido y ya lo ha visto la gente. En realidad es cuando deja de ser mío y me puedo liberar de él para que sea de los demás. Es el momento en el que me siento más libre”.
En un modelo de pasarela único a nivel internacional y desde hace 25 años, Cibeles Madrid Fashion Week, organizada por Ifema (la feria de Madrid), pone a disposición de los cerca de 40 diseñadores participantes toda la infraestructura necesaria para el desfile: un casting de 18 modelos, maquillaje y peluquería, ayudantes de vestuario, azafatas y porteros para salas de desfiles, seguridad, limpieza, vídeo, invitaciones, publicidad y oficina de prensa.
Los creadores, junto al pago de la cuota correspondiente, se comprometen a seguir fielmente las instrucciones de la organización y a comunicar, con un mes de antelación, todo lo referente al proyecto de desfile en cuanto a sonido, iluminación, escenario y coreografía, así como las modelos que deseen contratar por su cuenta fuera del casting oficial -esto ocurre en pocas ocasiones porque en ese casting suelen estar las mejores del panorama nacional-. El diseñador decide sobre todos los pormenores del show, de manera acorde a sus creaciones. “Toda colección tiene que ser coherente con la puesta en escena”, advierte Laguna, quien elige como su momento preferido en el que, durante tres días, escuchando la música ya seleccionada, estudia un panel con todos los modelos seleccionados y elige el orden de salida del desfile. “Es un momento íntimo porque estoy solo y para mí es algo mágico”, asegura.
Uno o dos días antes del desfile se hacen las pruebas de vestuario (el fitting) con las modelos, para corregir retoques de última hora, así como de peluquería y maquillaje.
Y por fin llega el día. En los desfiles españoles apenas existen las exigencias del front-row como en otros países, en los que la presencia de personas famosas, estilistas y periodistas de moda muy destacadas en la primera fila de sillas frente a la pasarela acaparan casi tantos disparos de fotos como las propias modelos con la colección o llegan a eclipsarlas. En España se ve a alguna actriz incondicional del diseñador, a la presidenta de la Comunidad o algún otro político y por supuesto periodistas, pero la mayoría anónimos para el gran público.
“¿Pero quién se puede poner eso?”. Ésta quizá sea una pregunta muy común que se hacen hombres y mujeres cuando ven imágenes de las modelos en pasarela, con propuestas preciosas, pero muy poco prácticas para el día a día. Y es que lo que se ve en el desfile no es, en muchas ocasiones, lo que después se va a encontrar en los puntos de venta, porque todas las ideas están exacerbadas. “De lo que se ve en pasarela, sólo llega a la tienda el 70% en cuanto a ideas, pero muy adaptado a las necesidades de la calle. La exageración de una idea, para que sea muy obvia y muy llamativa en una pasarela, hay que transformarla mucho para que sea ponible. Además no me parece elegante ir llamando demasiado la atención”, manifiesta Jesús del Pozo.
Esto no ocurre así en el caso de Hannibal Laguna, en cuya tienda se puede encontrar todo lo que se haya visto en pasarela, porque advierte de que el suyo no es un prêt-à-porter al uso. “Creo que estamos al servicio de la mujer y que la moda es uno de los bienes más utilitarios que hay hoy en día. La forma de vestir de los españoles, de las actrices, de los políticos etc. es un reflejo de lo que es España”.
Conocido por vestir a muchas actrices españolas, la internacional Paz Vega lucirá en la próxima gala de los Goya una creación de Laguna, antes de que se presente en Cibeles, algo muy poco habitual en deferencia a la actriz, incondicional a los diseños del creador.
Cuando se apagan las luces y se acaban los besos y las felicitaciones en el backstage, aún queda otro hueso duro de roer: las críticas en prensa. Jesús del Pozo no duda en admitir que no las lee, al menos ese día. “Me afectan mucho y creo que no es bueno que me afecten, porque además tampoco se suelen sacar muchas cosas en claro. Es mucho mejor leerlas después, cuando se han dejado reposar las cosas”.
Juanjo Oliva confiesa que le ha ido perdiendo el miedo y ha sabido poner distancia, porque ya es consciente de que su trabajo no le puede gustar a todo el mundo. “Estoy abierto a todo lo que puedan comentar siempre que esté justificado y lo hagan con criterio”, asegura. Pero advierte de que en España no existe una verdadera prensa especializada en moda, porque lo normal es que los periodistas escriban de muchas otras cosas y no sólo de este asunto.
Lo último de este proceso que parece largo pero sólo dura seis meses es ver un vestido en la calle y a una mujer anónima llevándolo. “Yo disfruto mucho viéndolo, pero siempre encuentro un defecto a las cosas y pienso que me ha faltado tiempo para hacerlo mejor”, señala un perfeccionista Hannibal Laguna.
Desde la visión de la experiencia, Jesús del Pozo confiesa que el efecto que le provoca ver a una mujer con una de sus creaciones depende de cómo se lo haya puesto, más que el físico de quien lo lleve. “Sobre todo me importa si ha sido fiel a su anatomía, porque la ropa tiene que servirnos para hacernos la vida más agradable y no para complicarnos. Tiene que disimular los defectos y potenciar las virtudes. La ropa es para disfrutar, porque la vida ya es demasiado complicada de por sí”.
TEMAS RELACIONADOS: Sociedad
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Si quieres entrar en el debate debes estar registrado en nuestra comunidad.
Si ya lo estás, debes iniciar sesión.
Si aún no lo estás, regístrate aquí.
Recuerda que tu comentario puede ser votado por el resto de los usuarios que estén registrados.
Revisa nuestras normas de conducta si no quieres que tu comentario sea moderado. Acceder al manual.