
Es hijo de un laborista, pero él es conservador. Cree en la meritocracia, pero entró en el Brasenose College de Oxford por una carta de ingreso que la Universidad le envió por error.
Toby Young, periodista y fundador de la West London Free School -colegios financiados con dinero público pero gestionados de forma privada-, se ve envuelto en la polémica por haber apoyado la expulsión de un alumno que llevaba el pelo demasiado corto... cuando él mismo tiene la cabeza rapada. “Es un argumento ridículo”, asegura él, más que acostumbrado a los ataques de la izquierda.
Cuatro años después de fundar su primera revista, Modern Review, Toby Young se enfrentó a una quiebra editorial. Se marchó a Nueva York, donde estuvo trabajando en Vanity Fair... hasta que fue despedido. Dos datos que demuestran que en la vida del autor del libro Cómo perder a tus amigos (llevado con éxito a la gran pantalla) hay luces y sombras, victorias y derrotas.
-¿Por eso considera tan importante el deporte en la escuela?
-El deporte fomenta el espíritu deportivo, anima a los niños a trabajar en equipo y, sobre todo, enseña a perder. El problema de la filosofía ‘todos los niños deben ganar’ que ha invadido tantos colegios modernos es que no prepara para el mundo real.
-Con perdedores y ganadores.
-Sí. Los niños necesitan aprender que si fracasan, no deben rendirse, sino levantarse, sacudirse el polvo y empezar de nuevo.
-Necesitan aprender eso y latín.
-El latín es el fundamento de la educación liberal clásica, que es el legado más valioso de la civilización occidental.
Además de deporte y latín, en la West London Free School que preside Young hay actividades extraescolares musicales, deportivas, culturales y sociales -financiadas entre todos los padres en función de las posibilidades de cada uno- y normas, muchas normas.
-Le critican los periódicos británicos por haber apoyado la expulsión de un alumno que llevaba el pelo al uno cuando usted mismo lleva la cabeza ‘afeitada’...
-El hecho de que yo lleve el pelo corto no quiere decir que no debamos hacer cumplir a los alumnos la norma de no llevar el pelo corto. Tampoco me pongo todos los días la corbata del colegio, y eso no significa que los alumnos puedan prescindir de ella. Es un argumento ridículo.
-Por lo demás, ¿cómo marcha el primer curso?
-Casi dos tercios de los alumnos aprenden a tocar algún instrumento, somos segundos en la liga local de netball y hemos recibido mil solicitudes para el próximo año. Estamos muy contentos.
Convencido de que la educación británica tiene que mejorar, y mucho -en el Informe PISA los alumnos han pasado de la posición 4 a la 16 en Ciencias, de la 7 a la 25 en comprensión lectora y de la 8 a la 28 en Matemáticas-, Young diagnostica varios males: la multiculturalidad y la politización de la enseñanza.
-Empecemos por la cuestión cultural.
-Con tanta multiculturalidad, cada vez hay menos consenso sobre qué se debe enseñar y cómo se debe enseñar.
-¿Y la politización?
-Los colegios públicos hacen frente a una gran cantidad de sesgos ideológicos de la izquierda.
-Su padre, del Partido Laborista, acuñó el término “meritocracia”. ¿Le gusta la palabra?
-Mi padre lo acuñó, pero para criticarlo. Él pensaba que la mayor igualdad de oportunidades legitimaría una mayor desigualdad de ingresos, de resultados y eso, como buen socialista, no le gustaba. Al contrario que él, yo creo en la meritocracia. Pero claro, yo soy conservador.
-¿Y qué papel juega la suerte? Lo digo porque su llegada a Oxford se debió a una carta de ingreso enviada por error...
-Así fue. La suerte desempeña un papel importante en la vida. Sería muy vanidoso pensar que podemos controlar toda nuestra existencia o la de los demás.
Lo que sí se puede, y en eso trabajan Young y su equipo, es preparar al alumno para los avatares de la vida. En West London enseñan a los niños a pensar por sí mismos, a desarrollar la imaginación para solucionar problemas, a competir con espíritu deportivo y a acumular méritos -al más puro estilo de la meritocracia- para las cuatro casas en las que se dividen los estudiantes.
-¿Y qué lugar ocupan en West London palabras como honor, sacrificio y disciplina?
-¡Oiga, que no es una academia militar!
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1 Comentario
La educación de un verdadero caballero gallant siempre incluirá el latín y el deporte. Así se debiera hacer aquí también.
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