
Sólo el 11,8 por ciento de los acuerdos laborales fueron bonificados. Los contratos temporales han descendido con la crisis y no por la anterior reforma del mercado laboral.
Desde la reforma laboral aprobada en julio de 2006 se han firmando menos de un millón de contratos de fomento de la contratación indefinida -con un coste menor por despido- de los que el 84,2 por ciento se acogieron a alguna bonificación, según un informe remitido por el Gobierno al Congreso de los Diputados al que tuvo acceso Europa Press, que justifica la modificación de esta fórmula de contratación dentro de la próxima reforma.
El informe revela que de los 3,77 millones de contratos indefinidos firmados en este periodo, 2,87 millones -el 76 por ciento- fueron ordinarios, de los que sólo el 11,8 por ciento estuvo bonificado, mientras que el 24 por ciento fueron contratos de fomento de la contratación indefinida, la modalidad que plantea una indemnización de 33 días por año trabajado y que ahora quiere fomentar el Gobierno en su reforma laboral.
El Ejecutivo constata que este tipo de contrato no ha sustituido a los ordinarios -que contemplan 45 días de indemnización en el supuesto del despido improcedente-, lo que achaca "en parte" a que están limitados a hombres de entre 31 y 44 años que lleven al menos seis meses inscritos en el paro, tengan cargas familiares o sean perceptores de prestaciones.
No obstante, también desliza que la Ley de mejora de la ocupabilidad aprobada por el Gobierno del PP en 2002 ha contribuido a este fracaso, ya que considera que cambió la "percepción" de los empresarios hacia la contratación indefinida "al eliminarse las incertidumbres en los despidos, así como los salarios de tramitación, con una consiguiente reducción del coste".
Entre julio de 2006 y el 31 de diciembre de 2009 se firmaron en España un total de 58,78 millones de contratos, de los que 6,65 millones (el 11,3 por ciento) fueron indefinidos, mientras que 52,13 millones (el 88,7 por ciento) fueron contratos temporales. Del total de indefinidos, el 43,2 por ciento, 2,87 millones fueron conversiones de contratos temporales en indefinidos.
Del total de contratos, sólo 2,23 millones, un 3,89 por ciento, recibieron algún tipo de bonificación aunque los acogidos al sistema de bonificaciones diseñado en la reforma laboral de 2006 fueron 1,96 millones, un 3,34 por ciento. De éstos, 1,84 millones fueron contratos indefinidos (el 98,1 por ciento del total de los contratos indefinidos bonificados), y 125.827 contratos temporales, el 30,2 por ciento.
El Gobierno constata que la reforma laboral de 2006 "no ha conseguido cambiar de forma apreciable con la cultura de la temporalidad" que domina el mercado español, ya que el número de contratos temporales sigue siendo elevado (14,6 millones de media en los últimos tres ejercicio), mientras que la crisis ha provocado que los indefinidos hayan empezado a acercarse durante la segunda mitad de 2009 a las cifras de hace tres años y medio.
Por otro lado, Trabajo recuerda que el pasado 31 de diciembre se cumplieron tres años y medio de la entrada en vigor del grueso de las medidas incluidas en el Acuerdo para la Mejora del Crecimiento y del Empleo, AMCE, firmado por los autores del diálogo social -Gobierno, CEOE y CEPYME y los sindicatos- cuyo objetivo fundamental fue impulsar la contratación indefinida y reducir la temporalidad, cuya tasa se situaba en el 34,39 por ciento en el segundo semestre de 2006. A cierre de 2009 llegó al 25,08 por ciento.
En este sentido, incide en que el efecto "más inmediato" de la reforma de 2006 fue el aumento de las conversiones de contratos temporales en indefinidos, que a cierre de 2009 sumaban ya los 2,87 millones. En 2006 se firmaron 670.238 conversiones, en 2007 se firmaron 902.210, en 779.700 en 2008 y en 520.427 en 2009.
El departamento que dirige Celestino Corbacho recalca que la reforma de 2006 introdujo un "rasgo diferencial" respecto a las de 1997 y 2001 impulsadas por el PP, ya que el empleo indefinido "creció mucho y el temporal se redujo simultáneamente". Así, en el año y medio posterior a la entrada en vigor de la reforma de 2006, todo el empleo creado en términos fijos fue neto.
"La única reforma laboral que condujo a una reducción nítida de la tasa de temporalidad ha sido la efectuada en 2006", incide el Ejecutivo, que recalca que la tasa de temporalidad se redujo en 3,5 puntos en los tres trimestres que siguieron a dicha reforma, desde un 34,9 por ciento, hasta el 31,4 por ciento. No obstante, admite que a partir del segundo semestre de 2008 la reducción es "imputable en mayor medida" a que la destrucción de empleo por la crisis concentrada en el empleo temporal, situando la tasa de temporalidad en el 25,08% -es decir, 6,3 puntos menos- de la población activa.
Por otro lado, el documento señala que el actual sistema de bonificaciones a la contratación presenta "evidentes síntomas de agotamiento" que hacen aconsejable abrir una "reflexión" sobre su "replanteamiento y reforma" ante la actual crisis, después de haber destinado cerca de 10.500 millones de euros desde julio de 2006 a facilitar 2,29 millones de contratos, un 3,89 por ciento del total de los que se registraron en España en ese periodo.
El departamento que dirige Celestino Corbacho admite que el sistema ha visto "mermada su capacidad" para favorecer la contratación de los colectivos con mayores problemas de empleabilidad y "parece haber evolucioado" hacia una forma de reducir de "manera general" los costes de la contratación indefinida en comparación con los costes de la contratación temporal.
El ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, ya ha avanzado hace dos semanas su intención de destinar 292 millones de euros en 2010 a bonificar la contratación de mujeres, jóvenes y discapacitados. Sin embargo, se seguirían pagando el resto de bonificaciones ya en vigor, que en 2009 acumularon un coste cercano a los 2.700 millones de euros.
Así, la cartera de Trabajo admite que el sistema de bonificaciones no ha cumplido con su aspiración inicial de realizar una "mejor selección" de los colectivos beneficiarios, ya que "de facto" la práctica totalidad puede ser susceptible de bonificación, aunque sea de "manera indirecta", como en el caso de los hombres parados entre 31 y 44 años.
"Al ser prácticamente universal, el sistema no permite favorecer nítidaente la empleabilidad de los colectivos con mayores dificultades de incorpración al empleo", concluye Trabajo, que llega a hablar de un "importante peso muerto o efecto ganga" en el sistema que afecta negativamente a su eficacia. "Existieran o no las bonificaciones, la contratación se realizaría igualmente", apunta.
Asimismo, recalca la complejidad del sistema, que establece "numerosas diferencias" en las cuantías con las que se bonifican a cada colectivo, e incluso existen ayudas diferentes dentro de cada uno. En este sentido, señal que las modificaciones más recientes del sistema se han hecho por acumulación, lo que puede general "distorsiones".
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