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    Eso sí fue conjunción planetaria

    09 NOV 2009 | Alfonso Basallo

    El riesgo de una III Guerra Mundial fue una constante en el diálogo internacional

  • Wojtyla, Reagan, Thatcher y también Gorbachov. Esa sí que fue una conjunción planetaria. Suma de casualidades que confluyeron en los años 80 y dieron un vuelco a la Historia, petrificada desde 1917.

    Y no estaba sólo en juego la libertad de millones de seres humanos... sino su vida. El riesgo de una Tercera Guerra Mundial fue una constante de las relaciones internacionales desde que Hirohito se rindió a MacArthur en 1945.

    Porque junto a las crisis más conocidas (la de los misiles de 1962 o la del Canal de Suez, en 1956) hay  otros incidentes, a veces simples descuidos, que han ido saliendo a la luz, conforme se han desclasificado los papeles del Kremlin.

    Por ejemplo en 1983, sólo seis años antes de la caída, cuando EEUU lanzó un Misil Balístico Intercontinental y el coronel soviético que lo detectó decidió que había sido un error de computadora y no lo comunicó a sus superiores.  Ahora lo contemplamos con distancia y nos parece que todo es Jauja, pero la amenaza fue real.

    En 1979, un simulacro del Pacto de Varsovia contemplaba que si la OTAN bombardeaba Polonia, los soviéticos tendrían en su punto de mira a Frankfort, Munich, Hamburgo, Amberes y Charleroi (Bélgica). ¿Se lo imaginan?

    La amenaza fue conjurada por dos formas de discursos. El de Reagan, convenciendo a los rusos de que no tenían nada que hacer y el del Papa Wojtyla minando la moral soviética, mediante la gota malaya (perdón, polaca). El discurso de la fuerza y el discurso de las ideas.

    El primero recurrió incluso a la propaganda para magnificar al enemigo rojo y justificar la inversión en armas (Y propaganda eran películas como El día después, 1983).  Y el pontífice venido del Este, que conocía en carne propia los totalitarismos, desafió con su autoridad moral y su prestigio a Jaruzelski y a Moscú, utilizando siempre palabras de paz.

    No sabemos si con Reagan solo se hubiera evitado la Guerra. Lo cierto es que estuvo Wojtyla y la catástrofe se conjuró.

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