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    El muro de Berlín

    La gran estafa del siglo XX

    08 NOV 2009

    La destrucción del muro de Berlín cumple 20 años.

  • Si de alguna manera podemos definir el régimen político y económico que reventó hace veinte años en Berlín, es de estafa a escala planetaria. El comunismo decía buscar mejorar la calidad de vida de los trabajadores, pero llevó la miseria y la pobreza a decenas de países, sumergiendo a la clase trabajadora en la indigencia más absoluta y destrozando cualquier posibilidad de progreso económico. Decía querer sustituir la falsa libertad burguesa por una libertad real: y convirtió media Europa en un campo de concentración. Berlín era la imagen misma del “paraíso de los trabajadores”: grises muros de hormigón, kilómetros de alambradas, explanadas repletas de minas y ametralladoras. Y, más allá, policía secreta, detenciones, ejecuciones, deportaciones. Se han contabilizado cien millones de muertos. Ni siquiera se sabe con seguridad cuantos europeos perecieron bajo la utopía socialista.

    La mentira es la fuerza que mueve el mundo, pero también tiene las patas cortas. El régimen comunista fue edificado en 1917 sobre la propaganda y el terror. A mediados de siglo, la propaganda a duras penas podía esconder las mentiras de la ideología, su fracaso económico y social. Quedaba el terror. Así que en 1956, la URSS aplastó la revolución húngara. En 1968, la incipiente primavera de Praga. Pero a mediados de los 80 la farsa comunista no se sostenía ni con todas las divisiones del Ejército Rojo. Europa del Este se revolvía inquieta contra el Kremlin, que ni siquiera se creía su propia propaganda. Por si fuera poco, los disidentes soviéticos supieron que, gracias a Reagan o Thatcher, no estaban solos. La estafa tenía los días contados.

    Desde luego, el Muro no cayó. Lo tiraron. Y lo tiraron pese a muchos en este lado, que defendían la dictadura comunista desde la capitalista democracia. Está aún por escribirse la vergonzosa historia de los compañeros de viaje del totalitarismo, de los mercenarios al servicio del régimen y de los cobardes que les hicieron el juego. Si hoy la libertad se extiende por Europa, no es gracias a ellos. En 1989 el fracaso fue también suyo, pues participaban de la gran farsa.

    Pero seamos realistas. El socialismo sigue sometiendo a millones de seres humanos. En Cuba, Corea del Norte o China, el hambre y la represión siguen matando en masa. Otro muro se extiende por Iberoamérica, de la mano de Chávez. Y la barbarie totalitaria no es sólo socialista: el fundamentalismo islámico. Conviene recordar que ni la página negra del comunismo ha sido dejada atrás ni, tras él, todo es libertad en el mundo. Veinte años después, la libertad y la democracia siguen estando amenazadas. Sigue habiendo disidentes, represaliados, perseguidos por defender la democracia. Y ante esto, los mismos siguen haciendo lo mismo que en 1989.

    Primero, miran hacia otro lado ante las dictaduras. Segundo, disculpan y ponen excusas ante sus crímenes. Y, tercero, apelan a la paz, el diálogo y la cooperación con ellos como forma de actuación. Y es que la actitud de la izquierda sigue siendo la misma hoy que en el pasado: ponerse del lado de todo aquel que ataque a la democracia parlamentaria y al libre mercado. Antes el sovietismo. Ahora el islamismo o el populismo. Ella sigue con la farsa.

    Para los demás, el recuerdo de las palabras de Reagan: “Señor Gorbachov, derribe ese muro”. Pues bien: exijamos hoy a los dictadores del mundo que derriben los suyos.

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