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    Roverato, a la izquierda, junto al presidente de Sacyr, Luis del Rivero.

    La masonería francesa forzó la salida de Sacyr de la constructora Eiffage

    07 NOV 2009 | S. E. / A. D.

    Según la revista 'Challenges', los vínculos del presidente de la compañía gala con el mundo de la francmasonería fueron la clave para obligar a Luis del Rivero a 'escapar ' del accionariado.

  • La salida de Sacyr del accinariado de la constructora francesa Eiffage, en abril de 2008, se debió a la presión de la masonería francesa, ampliamente arraigada en las estructuras del poder económico en el país vecino.   

    Así lo afirma la revista francesa Challenges en su edición de septiembre que dedica un amplio análisis a la ramificación de la masonería en las principales compañías y multinacionales galas.

    Según la publicación, la influencia de la masonería en la construcción viene de lejos, pues se remonta a los descendientes de los obreros que levantaron las catedrales. En Francia fueron los precursores de las viviendas protegidas, de ahí su gran presencia en las oficinas del HLM, el equivalente francés a las oficinas de vivienda de las comunidades autónomas españolas.

    Jean François Roverato, presidente de Eiffage, supo accionar los hilos de su red de contactos de la francmasonería. Según Challenges, gran parte de su consejo de administración también pertenece a esta sociedad. Es más, la Caisse des Dépôts, dirigida por Francis Meyer –otro masón– jugó un importante papel en el proceso que culminó con la espantada española del accionariado de la francesa. La revista apunta incluso a la mediación del propio Sarkozy, siempre bajo la sospecha de pertenecer a la hermandad de los Hijos de Hiram, la que terminó por apartar a Del Rivero de la constructora francesa.

    Roverato y Sarkozy

    El propio Roverato reconoció un día después de producirse la salida de Sacyr "la importancia de la voluntad negociadora mostrada por el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y el presidente francés Nicolás Sarkozy” en este asunto.

    La compañía presidida por Luis del Rivero sufrió un auténtico acoso empresarial, judicial y político cuando entró en el capital de una de las mayores constructoras de Europa. A principios de 2006, cuando la crisis del ladrillo no podía siquiera imaginarse, Sacyr puso sus ojos en Eiffage, que había debilitado su accionariado tras la salida de BNP Paribas. En sólo cuatro meses, la constructora española alcanzó más del 30% de la compañía francesa, por encima de las acciones en manos de los empleados, que llegaban al 20%. Aquí comenzó la batalla. Roverato lideró el frente para impedir que Sacyr no entrase el consejo, de acuerdo con el peso accionarial que le correspondía.

    Dos años duraron los enfrentamientos entre Sacyr y Eiffage. En abril de 2008, la empresa española anunció la venta del 33,3% que tenía a un grupo de inversores institucionales franceses por 1.920 millones de euros, lo comido por lo servido. Dos años salpicados de demandas judiciales, opas frustradas y avisos de Bruselas.

    Logia en Francia

    Cuenta la revista que los vínculos entre francmasonería y el mundo de los negocios vienen de largo. Sectores como los seguros, obras públicas o  medios de comunicación son algunos de sus núcleos de actividad. La aparición en Francia del libro de la periodista Sophie Coignard, Un Estado dentro del Estado, intenta desvelar hasta dónde llegan los tentáculos de esta red protegida por el secreto.

    En la vecina Francia el poder de la masonería llega desde el mundo de la política hasta las presidencias de las empresas más importantes e influyentes o las directivas de los clubs de fútbol más potentes del país.

    Compañías y política

    Si bien siempre se había ubicado a la francmasonería entre la política, la justicia y los poderes públicos, (EDF, GDF, Correos, France Telecom, Suez, Veolia o EADS) ahora algunos dossieres también la colocan preparada para hacer caja, en la banca, las obras públicas o los medios de comunicación. Las mutuas y las cooperativas –inventadas por los masones– son terreno vedado en Francia a cualquier no iniciado, todo trabajador de este tipo de entidades se considera un hermano.

    Lo mismo ocurre en la construcción. Al contrario de lo que algunos profetizaron, la mundialización no sólo no ha frenado la influencia de los masones en las empresas, sino que en los últimos años el número de socios no ha parado de crecer, dice Challenges. La Gran Logia Nacional Francesa recluta anualmente más de 4.000 hermanos, el Gran Oriente más de 1.000 y la Gran Logia de Francia unos 1.500. En total, Francia cuenta hoy con 30 obediencias que recogen a más de 150.000 hermanos, hombres y mujeres.

    Empresa pública

    La razón de que la empresa pública francesa, o las privadas nacidas en el Estado (EDF, Suez,Veolia) estén tan ligadas a la masonería es histórica. Tras la II Guerra Mundial, el Partido Comunista formaba una alianza con la CGT. Frente a ellos los cuadros se encontraban aislados. Pertenecer a una logia reforzaba sus alianzas y les integraba en todo un contrapoder.

    Pero, dice Challenges, la francmasonería tiene muchos miembros que niegan pertenecer a cualquier logia. Esta reticencia de los altos directivos a manifestar su pertenencia a alguna orden iniciática hace que se especule con la posibilidad de que la logia someta a los miembros que se van de la lengua a multas o sanciones.

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