Un título facilón y el nombre de una película. ¿qué tienen que ver con la vida política y social de la última semana? Empecemos por los ex. Ex amigos, ex parejas, ex trabajos, ex casas, ¿quién no tiene "ex" en su vida? Rociíto los tiene, uno en concreto es ex guardia civil. Esta semana La Gaceta ha publicado que se le abrió un expediente por malos tratos. A Antonio David Flores, el "ex" por excelencia -omnipresente, interesado y pesado- le dio por dar de empujones a un menor de edad y a otro le asestó un par de puñetazos en la cabeza. ¿Una ironía?: uno de esos chavales es hoy guardia civil. Esperemos que no sea por venganza, ni por complejo, ni por trauma.
Y llega la cruda realidad. Un ex presidente socialista de la Diputación Provincial de Cuenca se aprovechó de su cargo público -y de esa condición tan humana y tan cobarde de no decirle "no" al poderoso-, y se dedicó a hacer negocios y dinero fácil con el beneplácito de la Caja de Castilla-La Mancha. Se llama Luis Muelas y durante años ha manejado empresas con testaferros interpuestos, escudándose en su privilegiado puesto político para ignorar la ley. Entre tanto, ya son siete las legislaturas que Muelas se revalida como alcalde de un pueblo conquense, testigo de sus pequeñas fechorías. Pequeñas porque al ser un ex presidente -"siempre son ex", que diría Maite Alfageme-, parece que importan menos.
Pero es mentira. El fraude, el engaño, la estafa, siempre deberían llamarnos la atención. Es muy sencillo: creemos que tenemos un amigo nuevo. Nos sentimos afortunados de encontrar a una persona a la que invitar a estar cerca. Y le permitimos estarlo, cerca, y le damos nuestra confianza. Un buen día el amigo demuestra que no lo es. Simplemente nos traiciona, nos enseña sin dejar el menor lugar para una duda que ni nos ve, ni le importamos. Y el muy cabrón se lleva nuestra infantil ilusión de que regalar la confianza vale la pena. ¿Sienten empatía con lo que han leído? Es la cruda realidad. Ni Rociíto merecía un marido que se aprovecha de haberlo sido, ni el pueblo de Cuenca se merece un presidente de la Diputación que se enriquece a costa de la fe que se depositó en él. Por muy ex que sean los dos.
Esto es como el ex secuestro, el otro, el de Playa Bakio. Resulta que el gobierno de Rodríguez Zapatero pagó el rescate, supuestamente, y luego encargó a un grupo de operaciones especiales del CNI recuperar ese dinero, millón y medio de euros, céntimo más o menos. Cuenta La Gaceta que, al parecer, al centro nacional de inteligencia -intencionadamente con minúsculas- no se le ocurrió otra que contratar a un grupo de señores de la guerra para recuperar el pago. Dicen que estos tipos nada bregados en las normas sociales, pasaron a cuchillo a los secuestradores. Al millón y medio de euros se le perdió la pista. Imitar a los franceses nunca se nos dio bien. Menos aún emular al inigualable Sarkozy. Lo que ya sabría el actual Gobierno socialista si no se empeñara en tener una memoria histórica parcial de la cruda realidad.
Moraleja: lo que se hace sí importa, aunque quien lo haga sea un ex; el pasado sí importa, aunque sea para aprender de él; y lo de pasar a cuchillo al que nos defraudó vamos a dejarlo, no sea que demos ideas a algún descerebrado, y de paso a Bibiana Aído se le antoje hacer unos posavasos con tibias y peroné contra el maltrato ¿del género idiota?