Mario Conde en 'Diálogos al límite': "No quería oír hablar de los créditos a partidos políticos"
Carlos Dávila
“Yo no quería oír hablar de los créditos a partidos políticos”, afirma el ex abogado y financiero español en esta entrevista en la que además reafirma su inocencia: “Yo no me llevé ni un duro de Banesto”.
Mario Conde presentó el pasado jueves Los días de gloria, en el que el ex financiero y abogado habla de años turbulentos, maniobras orquestadas y tácticas políticas. Ayer se sinceró en Diálogos al límite. Muchos son los señalados y muy pocos los elegidos.
-Este libro es una bomba.
-No es una bomba. Lo que es una bomba es la sociedad española. Es un escáner de lo que ha sido la sociedad española y de lo que está siendo.
-Un crítico teatral del ‘Corriere della Sera’ fue a un estreno de una ópera y escribió: “Ayer se estrenó en el teatro tal la obra tal... ¿Por qué?”. ¿Por qué este libro?
-Pues porque es la única manera de cambiar. Vivimos un momento en el que la sociedad española tiene, como mínimo, miedo y está viendo que aquellos problemas del año 93 se están repitiendo hoy. Entonces, teníamos un líder del Gobierno muy contestado y un líder de la oposición que no se lo acababan de creer. Ahora lo mismo. La gente se pregunta por qué, por qué hace unos años me decían que era rico y ahora no me financian, por qué. En el libro está la respuesta. Porque lo que nos pasa, nos pasa porque somos como somos, y nadie nos ha dicho cómo somos realmente porque nadie ha escrito desde el poder. Yo estaba allí sentado, veía, vivía y sabía.
-¿Y usted cómo era?
-Yo era un abogado del Estado que lo dejó, un empresario de la industria farmacéutica que lo dejó, desencantado, y un señor que entró en el mundo de las finanzas creyendo una serie de cosas y que se fue absolutamente sorprendido de la mentira en la que estaban instalados los socialistas. Cómo lo que querían realmente era ocupar el poder financiero para ir ocupando la sociedad española y cómo algunos periódicos se dedicaban a dar información con el propósito de hacer negocio sus propietarios. Era una persona asombrada en ese sentido de lo que veía.
-De joven abogado del Estado a la industria farmacéutica, cosa que, me imagino, no estaba en su horizonte.
-Para nada, pero la muerte de un íntimo amigo mío me cambia la vida, se llamaba Paco Linde, un hombre estupendo. Yo ya había tenido ofertas para ir a la empresa privada y no quise. Me sentí tan golpeado que me metí, y me encontré a un señor, Juan Abelló, que tenía una empresa pequeña, pero con un atractivo enorme. Aquello me atrajo y pedí la excedencia.
-¿Ganaba más dinero?
-Hubiera ganado más como abogado del Estado, pero probablemente no me dio ese morbo. En el caso de Juan Abelló había cosas muy interesantes como conocer por dentro la sociedad, las reglas del juego, las intrigas, todo me parecía extraordinariamente atractivo.
-Y usted empieza a conocer el sórdido mundo de la industria farmacéutica y lo cuenta de una forma que parece una confesión.
-Sí, claro. Cuando te enfrentas a un libro así, o lo que cuentas es verdad o no merece la pena.
-¿Cuenta el libro la verdad?
-Todo lo que hay ahí es verdad, pero no es toda la verdad.
-El mundo de la industria farmacéutica tiene personajes de opereta bufa y otros tremebundos.
-Cuento una cosa muy interesante, que la industria farmacéutica del mundo, sea sueca o japonesa, a fin de cuentas lo que quiere es hacer negocios, y les importa tres pepinos si ese negocio se hace de una manera más o menos legal. Tengo varias anécdotas, como las oscuras maniobras que giraron alrededor de una fábrica de medicamentos que quería montar en Argentina. Luego me pasó lo de India y la industria se me cayó, y tomé la decisión de vender, y fue una casualidad de la vida, porque había un señor, que pertenecía al partido socialista italiano, que se había involucrado en una serie de cosas. Y luego esa negociación con los italianos...
-Ésa era una negociación de antibióticos, que la llevó usted personalmente.
-De una manera muy personal. La gente se cree que un negocio de 450 millones de dólares de entonces era muy grande y aquello fue un chalaneo entre un presidente de una cosa muy grande y yo, y realmente te das cuenta que vender en 450 millones de dólares antibióticos no es diferente a vender en una churrería.
-¿Eso era masonería?
-No tuvo nada que ver. Ahí lo que hubo fue que según ellos tenían que contribuir al partido socialista italiano, y yo le dije que de eso no quería saber nada.
-Finalmente, Antibióticos se vende, ¿cuánto cobra?
-Exactamente 13.750 millones de pesetas, paso a ser un hombre muy rico. Ese dinero lo tengo mucho antes de mi llegada a Banesto, es más, invierto una cantidad sustancial de dinero en Banesto, algo que no hacen los presidentes de los grandes bancos. Cuando yo me encontré el banco, la anterior familia tenía más dinero en una fábrica de cementos. Por eso cuando hice la ampliación de capital en el 93 dije que el primero que invertía era yo, y puse otros 7.000 millones de pesetas. Si quieres predicar, yo iba dando trigo de entrada.
-Usted pinta como la llegada de un ‘okupa’ a Banesto.
-Fue así. De un okupa con arreglo a las leyes del mercado. Si ve usted la historia de la banca, piense que el acceso al poder se construye desde dos mecanismos: uno, la vía familiar, y dos, la vía política. Lo que no funcionaba era que alguien con su dinero, legítimamente gastado, comprara acciones. Lo que rompimos en aquel momento era un diseño del poder político socialista de ocupar el sistema financiero español. Así nació el señor Asiaín, que rompía una tradición de familias vascas o la operación que intentaron los Albertos con el señor Boyer para ocupar el Banco Central… es decir, fue una operación de ocupación perfectamente prevista.
-Llega y se encuentra con personajes de la prehistoria y con un señor que le acompañaba al lado y que, según percibo, empezaba a tener celos de usted.
-Las cosas claras. Yo a Juan Abelló le tengo mucho cariño. Ha habido momentos muy duros en nuestra vida. Juan es una persona complicada porque es mucho más culto de lo que la gente cree y nuestra relación es limpia, pero las relaciones limpias se pueden torpedear. También es verdad que yo creo que en la relación con Juan no supe captar los problemas emocionales.
-¿Porque usted iba demasiado deprisa o porque era usted muy chulo?
-Creo que por las dos cosas. Porque es imposible que uno mire para atrás, se encuentre con 39 años siendo presidente de Banesto y diga delante de la gente que no pecó en ningún momento de vanidad. Eso es ridículo.
-Creo que hizo una operación de pertrechamiento con los socialistas cuando nombró a dos o tres consejeros que eran claramente del partido. ¿Cómo fue aquello?
-Paulina Beato se nombra porque yo quería una mujer en el consejo, y me habían hablado de una mujer estupenda, que no era miembro del partido socialista, pero sí de ideas cercanas. La conocí, consulté el nombramiento y todos me dijeron que era una persona excelente, presidenta de Red Eléctrica. Además, efectivamente, buscamos un consejero delegado, vimos una serie de currículums y vino este señor. Y fíjese que venía del Banco Popular, yo no podía pensar que el Popular fuera una cuna de gente del partido socialista, lo ignoraba.
-Lo que entiendo es que desde el primer momento cuenta con la enemiga en el propio consejo, y con la enemiga del gobernador del Banco de España. ¿Es así?
-El consejo del banco se encuentra con una disyuntiva. Por una serie de errores, habían nombrado presidente al señor Letona, y sabían que iba a cambiar el consejo de administración. Tenían que elegir entre unos advenedizos, Abelló y Conde, sobre todo Conde. Ellos eligieron nuestra opción, pero el gobernador del Banco de España se encuentra con que dos idiotas le van a estropear el diseño de cómo ocupar el sistema financiero español. Estaban acostumbrados a que nadie les discutiera. De repente yo les discuto. Cuento con la enemiga, pero el sistema no perdona, aplaza.
-Intentan cogerle, trincarle, ‘oparle’, y usted se resiste, pero llega la fusión con el Central. Algunos consejeros todavía no le perdonan.
-Lo entiendo. Allí llegaron hombres nuevos, y no queríamos convertir el banco resultante en un chananeo. Como no queríamos, ellos optaron por una gran decisión final, sacar del Banco Exterior de España a Boyer. Pero como a mí esas cosas no me asustan, pues dije: a ver al final qué pasa. Y lo que pasó es que el señor Boyer no fue nunca presidente del Banco Español Central de Crédito, pero con un precio vergonzoso y miserable, que fue romper la fusión. Porque los socialistas de entonces decían: me parecen muy bien las fusiones, a condición de que manden los míos.
-Y en todo ese escenario comienza usted a conocer el mundo de la política. Cuenta usted un almuerzo con los banqueros donde dicen que hay que dar dinero a los partidos.
-Vamos a ponernos de acuerdo con qué cantidad de dinero financiamos. ¿Cómo se financian los partidos políticos? De dos maneras, con dinero y de la otra. Con créditos que se conceden a los bancos. Los créditos a los partidos políticos no son los mismos que conceden a los ciudadanos de a pie. Eso es una especie de subvención a fondo perdido, y yo no quería oír hablar de esto.
-Uno de los primeros procesos que le incoan es Argentia Trust. ¿Usted dejó 600 millones de pesetas fuera?
-No, yo pagué a una sociedad con una factura de 600 millones de pesetas a Antonio Navalón, que era un intermediario. Los bancos tenemos sociedades dentro y fuera de España y todas están sometidas a auditoría. Pagamos en esa sociedades desde fuera porque Antonio Navalón dijo que pagáramos así, y creó una sociedad que se llamaba Argentia Trust y le pagamos 600 millones. Punto y final. Lo curioso del caso es que me querían imputar a mí esos 600 millones, y me los imputaron.
-Otro tema clave en este libro es el tema de las exenciones fiscal, el problema de las negociaciones con el Gobierno.
-El señor Solchaga, ministro en aquel momento, de la misma manera que querían ocupar la banca tenían una legislación, y concedían exenciones fiscales. A mí me las negaban, y el razonamiento era muy simple: no es amigo del Gobierno. Tuve que llegar a Felipez González. Al final conseguí las exenciones fiscales, pero con los consiguientes consejos de Solchaga.
-¿Y la intervención de Banesto?
-Es un pacto entre dos personas, que se produce entre el señor González y yo, y al día de hoy, viendo la situación financiera en España, pretender seguir hablando de la situación financiera del banco es ridículo. El banco estaba bien, pero en el juicio de Banesto compareció el vicepresidente ejecutivo de la banca Morgan y dijo: no hay ninguna persona objetiva que sea capaz de reconocer que el plan de Mario Conde en Banesto hubiera funcionado a la perfección. Al final, a mí me condenaron por llevarme 600 millones, que demostré dónde estaban, por 300 millones que le dimos al CDS, que demostré dónde estaban y por 1.500 más en dos sentencias que han sido anuladas por el Tribunal de Derechos Humanos
-¿Es éste el último libro?
-No, hay uno muy interesante que es las barbaridades que se cometieron en el caso Banesto, para que cuando lo lean digan: de esto no más, por favor.